El origen de mi estudio en San Miguel

El estudio
El estudio

 

LA PROMESA 


Aquella noche en Ciudad de México había decidido encontrar mi nuevo hogar en San Miguel de Allende.


El porqué de esa ciudad realmente no lo sé con exactitud aunque a veces creo que tuvo que ver con una visita ocho años atrás, cuando descubrí el arte de aquel lugar.


A mediados de octubre,  un amigo como algunos otros durante algunas semanas me estaba dando alojamiento temporal en su departamento mientras resolvía que ocurriría con mi estudio y mi vida luego del sismo del 19 de septiembre. 


El quinto día de mi estancia en ese lugar decidí crear un plan originado por un impulso. La ruta incluía dos meses viviendo en San Miguel de Allende mientras vendía algunas pinturas, una bodega en León donde se guardaría mi estudio y un viaje indefinido a España de mochilero para recorrer Europa. 


Esa misma noche en mi deseo de avanzar de esa situación de asilo, le prometi a mi amigo que al día siguiente viajaría a San Miguel por tres días y que regresaría a como diera lugar con las llaves de mi nuevo estudio.


Una vez hecha esa promesa con el destino me dispuse a descansar con ese único objetivo en mente.


La madrugada del día siguiente sali deseoso de emprender mi aventura, como cual Quijote va armado hasta los dientes, con un caballete en mano como mi estudio viajero y una maleta llena de material. 


Días antes había recibido la invitación de un amigo para tener asilo mientras llevaba a cabo mi búsqueda. 


Una vez dejando mi equipaje junto a una cama que sería mi hogar temporal, salí a mirar aquel mundo extraño. 


Empecé a recorrer algunas calles sin entender aún la escals tan pequeña de ese sitio. 


Cuando llegas a un lugar desconocido las calles son largas y las referencias casi inexistentes, aunque con el tiempo comienza a crearse un primer maps mental. 


Había conseguido un mala del centro de San Miguel y empezaba a calcular algunas rutas de búsqueda. Lo primero que me pregunté para mí mismo era donde quería vivir.


Mi respuesta inmediata era vivir cerca de donde todo ocurría, es decir, el corazón de aquel pueblo. 


Sabía que cada puerta que aparecía frente a mí tenía escondido un secreto y sólo se trataba de apropiarme de uno. 


El segundo día tuve un reencuentro con un amigo que hacía mucho tiempo no veía. El era originario del pueblo y conocía toda la historia de cada rincón. Esa tarde me dio un recorrido por los alrededores y me ayudó a investigar algunos lugares para alquilar. 


Ese mismo día encontró un anuncio que describía a detalle un departamento pero dejaba a la imaginación otros detalles.


La ubica fiema de descubrirlos era agendar una cita  para saber más de las dimensiones de las habitaciones. Lo que de inmediato me agrado fue su ubicación a tan solo tres cuadras del centro de la ciudad.


La cita estaba hecha y ahora solo tenía que esperar el momento preciso. 


Al entre note un pasillo muy oscuro y frío que me hacía pensar que no era lo que estaba buscando, pero conforme avance al interior fui descubriendo un pasillo interior del cual me enamore de inmediato. 


Un callejón muy largo conectaba cada habitación, rematando con un patio trasero y una bugambilia.


No había recorrido el interior aún cuando ya estaba convencido de quedarme ahí. 


La persona que me dio el recorrido me contó que era una mitad de una antigua vecindad en donde vivía una familia entera y que hacía un mes ese departamento estaba vacío. 

Por alguna razón todo aquel que lo visitaba se negaba a rentarlo quzs porque no lo vio con esos ojos que yo lo vi. 


Recuerdo que me dijo que tal vez ese lugar me estaba esperando a mi de algún modo y que había llegado la hora de darle vida. 


Al día siguiente se concreto el contrato y me fueron entregadas las llaves. 


Mi emoción se desbordó y un sentimiento de nostalgia me recordó casi cinco años de vida en la Ciudad de México y una despedida que estaba muy cerca de suceder. 


Dejaría mi primer estudio para reinventarme una vez más desde otro entorno y otra energía. 


El tercer día permanecí unos minutos en el jardín principal, como tratando de entender un poco mi nuevo hogar. 


Empecé a comunicar la noticia a mi familia y regrese a mi nuevo hogar para vivir mi primer momento dentro de él. 


Debía regresar a la ciudad de México a seguir resolviendo mi transición y fue por eso que no pude quedarme mucho tiempo. 


Esa tercera tarde de mi estancia decidí recostarme en el que sería el acceso a mi estudio. Mirando el techo y escuchando un eco profundo, empecé a cantar. 

Ese eco me acompaño y me daba de alguna forma la bienvenida a mi nueva casa, a mi nueva energía y a mi nueva vida. 


Había logrado cumplir mi promesa y esta vez estaba seguro que resurgiria por completo. 


Estaba listo para reinventarme y llenarme de la magia de aquel lugar. 


Uno nunca sabe como se acomodan las piezas del destino para que un ciclo termine y comience otro. 


Creo que la energía que liberamos a cada momento, fluye de tal manera que ignoramos la velocidad con la que encuentra su sentido. El tiempo y el esoacio se sincronizan con nuestros sueños y deseos más íntimos y es entonces cuando todo sucede. 


Una nueva etapa nos espera para hacernos renacer y entregarnos un infinito de posibilidades. 


Había encontrado una puerta como muchas otras pero como ninguna y se había abierto para mi. 


Ahora estoy seguro que ese día esa puerta me encontró a mi...


LA TRANSICIÓN 


Aúnque ya había encontrado donde estaría mi nuevo estudio en San Miguel de Allende , aún no podía instalarme del todo. 


Semanas atrás había quedado atrapado mi estudio en un edificio de Coyoacan que estaba en situación de riesgo en la zona afectada por el sismo de Septiembre en la Ciudad de México. 


Con temor de que el daño creciera en la zona, fueron acordonados nueve edificios más que pertenecían al complejo habitacional. 


Se había improvisado un protocolo de seguridad que afectaría a 500 familias y nos dejaría sin casa durante más de un mes. 


Pienso que desde que vi la escena del edificio derrumbado que estaba cercano al mío, empecé a aceptar cualquier perdida material, ya sea mi hogar o de mi obra.


Cuando te encuentras en una situación así los cambios y el caos son muy acelerados. Mi vida constantemente lleva ese ritmo ya que las decisiones se tienen que tomar de inmediato. 


Admito que siempre he seguido mis impulsivo y mi mente siempre parece encontrar una catarsis en estas situaciones. Esta vez lo entendía de una manera muy clara y me obligue a salir de ese estado de víctima para empezar mi proceso de resiliencia. 


Mientras más vivía desde dentro el caos más seguro estaba que no podía quedarme ahí parado a esperar.


Me conocía bastante bien como para darme cuenta que esa atmósfera de melancolía y angustia podían atraparme y dejarme varado en esa ciudad tan acelerada, que al día siguiente del sismo, retomo su actividad normal. 


Los damnificados por el contrario, quedamos pausados por completo ante la duda de que pasaría y si podríamos regresar a nuestra vida diaria o en su defecto poder salvar nuestras cosas. 


Mi plan de todos los días consistía en poder empezar el desmontaje de mi estudio y embalaje de mi obra para preparar una mudanza. 


Aunque desconocía cuando y en que forma me autorizarán poder sacar mi estudio, me mantuve en ese ritmo diario y de alguna manera ocupe mi mente.  


Conociendo las reglas de acceso a la zona es que pude crear estrategias y horarios para sacar poco a poco algunas cosas y dejar empacado el estudio. 


A veces se me permitía el acceso sin percances pero otras veces se me negaba entrar a mi propia casa. 


Las jornadas de trabajo dentro de mi estudio podían ser de 8 horas o más dependiendo de la luz del día. 


Tarde dos semanas completas en tener todo listo y una más en recibir la autorización de la autoridad local. 


Definí fecha y horario y contacte un transporte de 5 toneladas que sería el encargado de llevar mi mundo a un nuevo destino. 


Recuerdo que un día antes de irme pude recorrer cada calle que fue parte de mi rutina de llegada a mi estudio. 


Los vecinos que permanecían resguardando las entradas para evitar robos me notaban decidido cada vez que entraba y salía de mi departamento. 


La tarde anterior todavía pude platicar con algunos conocidos que en su caso habían perdido todo y solo estaban a la espera de alguna solución. 


Con tantos sentimientos encontrados, celebraba mi partida pero por otra parte conocía situaciones nada afortunadas que me llenaban de tristeza, en donde familias enteras habían perdido su patrimonio completo. 


Comprendí que cada vecino estaba viviendo su propio sismo pero que las cosas debían continuar para todos desde el panorama que nos tocara enfrentar. 


No había protocolos ni planes, simplemente el deseo de salir por uno mismo con sus propios recursos. 


Yo viví el mio a mi manera, en esa búsqueda continua de salvarme cada dia. 


Cuando estas dentro de una crisis así, hay muchos otros sismos que te desestabilizan y que nadie en el exterior puede imaginar. Las escenas son tan contrastantes y las emociones están siempre expuestas.

 

Nadie nos prepara para esos momentos y como reaccionar ante ellos y creo que aunque fue muy duro, me hizo ver lo fuerte que soy. 


Tal vez no estaba en mi estudio pintando un cuadro, pero si estaba inventando un nuevo paisaje y una nueva etapa. 


A la mañana siguiente, solo me quedo esperar al camión que llevaría mi vida entera a San Miguel de Allende.


Dos horas de carga y toneladas de equipaje  me despedían poco a poco de ese sitio en donde se habían vivido muchas esperanzas y muchos encuentros. 


Una vez terminando de cargar todo, entre por última vez a aquel departamento vacío y me reencontré con el eco que siempre quiere despedirse de uno cuando tiene que irse.


Recorrí las habitaciones y cerré esa puerta que nunca más volvería a abrirse de la misma forma, porque el destino de esos edificios aún estaba inconcluso. 


Entregue las llaves del departamento al representante del edificio y mire esa escena tan familiar de caos. Me despedí simplemente así, sin decir nada a nadie ni hablar de mi destino porque creo que sabían lo que estaba pasando conmigo. 


Era uno de los primeros habitantes que lograba desprenderse de ese lugar. 


Mi sonrisa se dibujaba pero también el cansancio en mi mirada, que era de nostalgia y alivio. 


La espera había terminado y ahora sólo unas horas me separaban de mi nueva aventura.


Con cada kilómetro de carretera soltaba más esa sensación gris que me había empolvado por semanas. 


Era tiempo de dar una nueva cara al mundo con una nueva energía que no podía seguir encerrada. 


Pasarian cuatro horas para llegar hasta esa puerta que aguardaba en silencio.


Ese domingo por la tarde llegue a san Miguel con la mudanza. Los vecinos expectantes se llenaron de tantas dudas sobre mi. Una a una se empezarían a aclarar y ese espacio empezaría a llenarse de vida. 
.
No pude quedarme ese día en mi nuevo hogar ya que la ruta continuaría a León para descargar una segunda parte del taller que con el tiempo desecharia. 

 
Permanecí unos días en León para descansar un poco y disfrutar este proceso de transición. 


Fue hasta algunos días después que regrese a San Miguel para empezar a montar mi taller. 


Extrañamente desde que llegué había algo que me tenía inquieto. Percibía una energía que resonaba en ese gran pasillo y no tenía idea de cómo descifrarla aún. 


Era el lugar mismo que parecía darme la bienvenida pero me tenía preparada una sorpresa.


Mi energía conecto al instante con ese gran patio y días después algo muy intenso pasaría. 


Sabía que esa era mi hogar pero lo que no sabía era que aquel lugar me estaba diciendo que quería más de mi. 


Ese sitio estaba destinado para cosas mucho más grandes que no imaginaba... 



Oli Martínez 

MAYO 2020



Oli Martinez 


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