La evolución de mis estudios de arte

Estudio en Coyoacan 2014.2017
Estudio en Coyoacan 2014.2017


EL ORIGEN DE MI MUNDO 

1995. León 


"El estudio de arte es el reflejo del artista, de su momento de su búsqueda y de su esencia". 


Cuando recuerdo mi infancia me doy cuenta que he tenido muchos pequeños estudios de arte. 


El primero que recuerdo fueron las paredes de mi casa, en donde comencé a dibujar algunos garabatos y descubrí que si tus padres te dan libertad debes disfrutarla.


Conforme fui creciendo los cuadernos escolares se convirtieron en espacios llenos de magia en donde me gustaba dibujar grandes edificios y ciudades.


Este gusto por dibujar escenas urbanas hicieron que mis padres me imaginarán como un futuro arquitecto.


A los doce años mi mundo fue creciendo y el papel de mis cuadernos dejó de ser solo para dibujar. 


Mi forma de crear aventuras se transformó y comencé a escribir acerca de mi vida como adolescente.


De esta manera, la escritura se combinó con el dibujo desde diarios que reflejaban mi entorno de una manera muy peculiar. En cada cuaderno había inventado lenguajes  que mostraban como cambiaba mi forma de ver las cosas.


Este podría considerarse mi primer estudio formal, ya que como una rutina no deje de dar seguimiento a este medio de expresión por casi cinco años.


De manera simultánea, los juegos de armar con piezas fueron mi nueva manera de crear. Deje salir al arquitecto y desarrolle el diseño gráfico e industrial desde la tercera dimensión como un juego natural. 


Pase de escribir sobre una mesa para construir en ella  como una extensión de mi mente.


La casa de mis padres era muy grande y eso me permitía explorar nuevas posibilidades de evolución.


Cuando uno es un niño difícilmente se da cuenta de que está proyectando su futuro en sus juegos. En mi caso se trataba de la primera evidencia del escultor y el arquitecto.


La escritura y la construcción se combinaron de una manera muy natural que me sumergía en una realidad que sólo me pertenecía a mi.


Sin embargo, me gustaba compartirla con algunas personas que entendían mi pasión por esos mundos secretos.


EL ENCUENTRO CON LA PINTURA 

2000. León 


A mis 16 años, comencé a desarrollarme de manera más formal como dibujante en un taller escolar.


Recuerdo mi miedo por explorar las técnicas pictóricas y como con el tiempo fui creando confianza en la técnica del óleo.


El interés en el dibujo crecía tan rápido que busque un espacio en casa en el cual pudiera continuar explorando las posibilidades.


Es así como en esa búsqueda mi segundo taller formal se integró por una mesa pequeña de madera, un block de dibujo, tres lápices y una goma.


En ese lugar pasaba horas dibujando y poco a poco se volvió parte esencial de mi rutina.


En la escuela preparatoria me fui desarrollando cada vez más en el área artística. Con mis primeros trabajos al óleo empecé a mantener una constancia y un ritmo creativo. 


A mis 17 años se me comisionó para realizar una pintura para la capilla de la escuela, lo que me permitió perfeccionar mi técnica y hacerme de mi primer caballete  así como de material más profesional.


De esta manera fui dejando de lado la escritura y me concentre más en la pintura. El caballete y mi mesa ocuparían un espacio físico cada vez más importante en mi vida.


En casa de mi padres fui apropiándome del sótano como mi lugar favorito, por estar alejado de todo. Era aquí donde dedicaba días enteros a pintar y mejorar desde la práctica.


Mis materiales y mis lienzos fueron acumulándose y mi primera colección fue creciendo.


Mi madre atenta a mi nueva pasión me alentó siguiendo el desarrollo de mis piezas que en ese entonces eran reproducciones de paisajismo europeo. 


ENTRE MAQUETAS Y LIENZOS 

León. 2001


En el año 2001, comencé a estudiar arquitectura y el sótano de casa de mis padres  se convirtió aún más  en mi taller de proyectos escolares.


Para ese momento había desparecido la escritura de mi rutina y me fui concentrando en el diseño de proyectos y en empezar a crear mis primeras pinturas originales.


Los bocetos de mis primeras obras estaban almacenados en blocks de dibujo que años antes mostraba como mi galería personal en los salones de clases.


Mis amigos eran mi público cercano y con ellos compartía mis nuevas creaciones como esa necesidad de comunicar mis ideas.


Durante la universidad mantuve mi afición por la pintura y esto me permitió administrar mi tiempo entre los estudios y mi obra pictórica , lo que hizo que cada vez me volviera más disciplinado.


Con el tiempo dejé de construir con aquellos juegos de armar y mis maquetas fueron ocupando su lugar.


Aquel sótano era testigo de mis procesos creativos y me emocionaba llegar ahí y empezar a crear. Era un sitio muy grande y está muy buen iluminado durante todo el día. Tenía grandes ventanales y una vista a un gran patio que integraba un jardín.


Creo que en todos mi talleres de arte siempre buscaba repetir esa característica como un recuerdo vivo. 


Conforme pasaron los años fui almacenando mis cuadros , proyectos escolares, planos y libretas de dibujo en aquel lugar. Estaba empezando a crear mi archivo como artista y una clara evidencia de mi búsqueda constante.


EL ARTISTA INDEPENDIENTE 

León 2012


En 2012, fue cuando decidí dejar la casa de mis padres para compartir mi primer departamento. 


Una mesa de trabajo y mi caballete simulaba un estudio improvisado en una estancia entre una sala y un comedor. 


Empecé a combinar un hogar con un estudio y con el tiempo fui convirtiéndolo en una pequeña galería. 


En este lugar empezaría a recibir visitas de mis primeros  coleccionistas y empecé a dar mis primeras clases. 


Fue también cuando empece a impartir clases como exalumno en mi universidad en el área de arquitectura. 


De alguna manera empezaba a crear mi vida mediante caminos más serios que me ayudarían a desarrollarme como artista. 


Durante los cinco años anteriores había ejercido la profesión como arquitecto en el área de diseño. Esto me permitió conocer el medio y crear un propio lenguaje en la arquitectura, aunque también fue cuando me di cuenta de que no era así como me sentía totalmente libre. 


Cada experiencia laboral me mostraba una serie de limitaciones que fueron creando dudas en sí realmente esa era la forma en que podría construir mi mundo. 


A la par de trabajar en oficinas de arquitectura, mantuve mi hábito de la pintura, ya no solo desde casa sino empezando a gestionar mis primeras exposiciones individuales. 


Al principio fue en algunos cafés y poco a poco empecé a buscar centros culturales y universidades.


Todas esas razones me habían hecho pensar en que era momento de ser más independiente y comenzar mi camino en las artes. 


La transición hacia una nueva etapa me haría descubrir que pronto León ya no sería suficiente para mí. 


MI ESTUDIO EN LEÓN 

2012, León 


Este primer departamento estaba ubicado en un tercer piso y también tenía una ventana que abarcaba todo el frente. Esto me permitía disfrutar de cada atardecer frente a un paisaje natural que era maravilloso.


Durante cinco años empecé a participar en convocatorias estatales de instituciones gubernamentales dirigidas a jóvenes. 


Esto me fue dando proyección y presencia a nivel local y me vinculo con espacios culturales importantes. 


Con el tiempo el medio artístico empezó a ubicarme y después de presentar en 2010 mi primera exposición en el Museo de la Ciudad, extendí mi búsqueda hacia fuera de la León ya que empecé a sentir que daba vueltas sobre lo mismo. 


Los últimos dos años que permanecí en León, los dedique a gestionar proyectos en otras ciudades. 


Después de ganar un concurso de arte por trayectoria artística y uno más con una obra pictórica, pude financiar mi primer material profesional. 


De esta manera comencé mi primera colección pictórica titulada Onírica, la cual desarrolle durante un año completo.


Meses después como resultado de mi gestión en Guanajuato presentaría esta serie en la Universidad de Guanajuato y el Museo José Tomás Chávez Morado.


Esas dos exposiciones fueron las últimas que presenté en Guanajuato antes de mover mi estudio a Coyoacan en la Ciudad de México.


Seguido por un impulso y una propuesta fallida por parte de un amigo para tener residencia en la Ciudad de México, empecé a creer en la posibilidad de cumplir esa nueva ruta. 


Mi mente empezaba a acostumbrarse a la idea y creo que el ser obstinado me llevó a lograr ese cambio de dirección. 


Una ciudad totalmente desconocida me retaba a conquistarla y aparecio un deseo de conocer el ambiente artístico de ese gran universo. 


De inmediato me fascinó la aceleración de ese mundo desconocido y comencé a integrarme a ese inconsciente colectivo. 


Visitando de manera esporádica algunas zonas de Coyoacan, como punto inicial de búsqueda, fui recorriendo las calles en busca de mi nuevo estudio. 


Había elegido esa ubicación sin darme cuenta de la importancia que tenía en el medio artístico y con el tiempo entendí que no había sido una coincidencia. 


Después de varios fines de semana logre encontrar un departamento cerca del centro de Coyoacan. 


Mi emoción se desbordó cuando por primera vez recibí las llaves de ese lugar. 


Estaba por comenzar mi evolución y ya no había marcha atrás. 


MI ESTUDIO EN COYOACAN 

Ciudad de México. 2013


En este departamento pude ubicar el estudio en una habitación completa, en donde almacenaba y creaba mi obra. La otra parte de él departamento se mantuvo como mi casa. 


Con el paso del tiempo fue cambiando mi etapa personal de vida y  empecé a extender el estudio a todas las habitaciones. 


Constantemente cambiaba cada espacio y este hábito se fue convirtiendo en un símbolo de renovación, que hasta ahora ha sido parte de mi forma de cambio. 


Desde mi llegada comencé a capturar todas esas escenas que me rodeaban a diario y así fue que comencé mi primera colección urbana "Efervescencia". 


Esta serie pictórica era una reinterpretación directa de la Ciudad de México. Integrada por dibujos y pinturas la propuse por única ocasión en una galería después de dos años intensos de trabajo. 


Desconocía qke esa sería la última exposición que realizaría en esa ciudad. 


Al mismo tiempo que realizaba este proyecto me dedique a gestionar exposiciones en diversas instiruciones académicas como parte de dar a conocer mis colecciones realizadas durante los 10 años anteriores. 


Empecé a impartir clases en Coyoacan y en mi estudio. Esto me permitió desarrollar mis propios métodos de enseñanza, los cuales practique desde diferentes áreas de creación, entre ellas el diseño de joyería. 


Desde mi llegada a la Ciudad de México empecé a recurrir a libretas de dibujo o diarios urbanos, que con los años se volvieron una extensión de mi estudio de arte.


Una mochila me acompañaba a todas partes con tres formatos de libretas de dibujo, pinceles, acuarelas y plumas. 


Podía pasar horas en cualquier lugar creando composiciones experimentales que reflejaban mi vida y mi momento. 


También decidí llevar mi estudio de arte a los parques, principalmente al centro de Coyoacan. En este lugar improvisaba con un caballete, una tela y pinturas acrílicas.

Era un pequeño mundo donde pasaba tardes enteras dedicado a capturar el sonido. 


Sería ahí donde descubriría mi interés por recrear el sonido a través del color en paisajes abstractos. 


A finales del 2016, empezaría a surgir mi técnica pictórica en oleo que hasta la actualidad se ha ido renovando a través de la experimentación. 


MI PRIMER TALLER DE ESCULTURA 

2015, Ciudad de México 


Cuando aún estaba viviendo en León, decidí entrar a un taller de escultura en donde tuve mi primer acercamiento de manera formal con el barro.


El año anterior había incursionado en concursos de escultura y aunque no tenía las bases académicas, desarrolle tres piezas con procesos experimentales. 


Este interés crecería al recibir premios y reconocimientos por mis piezas que aunque no seguían una técnica estricta, reflejaban mis bases teóricas como arquitecto. 


De la misma manera, durante unos meses fui invitado a diseñar prototipos industriales de displays para stands comerciales , lo que me ayudó a reforzar mi desarrollo en la tercera dimensión. 


En 2015, conocí un taller de escultura en donde empecé a incursionar en la técnica cerámica. Los procesos pictóricos y de dibujo que llevaba tiempo desarrollando en algunos cuadernos se mezclaron en esta nueva faceta. 


Bocetos realizados meses atrás, fueron el punto de partida de mis primeras piezas. Después que conocí la flexibilidad del material, decidí crear mis esculturas desde la improvisación más que siguiendo algún dibujo en concreto. 


Este método me fue muy útil ya que sentí mi proceso mental evolucionó y a través del material fui encontrando un lenguaje propio desde mi primera pieza. 


Creo que la escultura fue la que me encontró a mi al igual que mis diferentes estudios de arte. Me sentía tan cómodo creando que me daba cuenta de que mi faceta de escultor estaba guardada sin darme cuenta. 


Fue tan fuerte el impacto que generó la escultura en mi mundo que por un tiempo abandone la pintura y me concentre en crear la que sería mi primera colección de cerámicas. 


Empecé a crear una nueva dinámica creativa en la cuál modelaba mis esculturas desde mi estudio personal  y en el taller externo resolvía la parte técnica que consistía en fabricar el material y hornear las piezas. 


Por esta razón una de las habitaciones de mi estudio se convirtio en un primer taller de escultura.


Una vez que terminé cinco piezas pequeñas, empecé a gestionar una exposición en la Universidad de Guanajuato. En 2017, se aprobó mi propuesta y de esta manera tuve mi presentación como escultor con mi serie titulada "Automatismos". 


Fue hasta septiembre de ese mismo año que pude financiar tres bronces, los cuales fueron concluidos a finales de año en una fundicion al sur de la Ciudad de México. 


UN ESTUDIO DE ARTE ATRAPADO

2017. Ciudad de México 


Era la primera vez en casi cinco años que sentía que mi vida y mi profesión parecían estar en sincronía con esa ciudad. 


Había entendido su ritmo y empezaba a visualizarme ahora como escultor. Desde mi llegada siempre pensé que permanecería muchos años viviendo en ese estudio pero un 19 de septiembre de 2017 todo cambió. 


El destino me dio una última lección de vida y quizá se trataba de mi examen personal para saber que tanto había aprendido estando solo durante tres años. 


Un sismo que ya una semana antes se había anunciado con menor intensidad, convirtió la zona donde vivía en zona de riesgo dejando mi estudio en un futuro incierto. 


Admito que por momentos creí haber perdido todo y hasta cierto punto llegué a aceptarlo. 


Con la esperanza de que pudiera sacar mis cosas de ese lugar lo antes posible empezó un proceso de resiliencia durante el cual inicie el desmontaje de mi taller. 


Este proceso duraría dos semanas completas en donde la incertidumbre me hacía creer por momentos que había perdido todo. 


La situación tan caótica, el estrés y una sensación permanente de angustia  en sus habitantes , había herido esa ciudad que había adoptado de alguna manera como mi hogar.


Me dolía tanto esa energía que se percibía que decidí hacer un cambio drástico. Vino a mi mente la ciudad de San Miguel de Allende como la transición y Barcelona como mi nuevo destino.


DESDE LA RESILIENCIA 

2017, San Miguel de Allende 


Siguiendo una promesa que había hecho semanas después del sismo, un mes después me propuse  visitar San Miguel por tres días con el objetivo de encontrar mi nueva casa.


El segundo día de mi viaje descubrí mi estudio de una manera sorpresiva siendo este el único sitio que había investigado y el cual parecía estarme esperando desde hacía un mes. 


Ubicado en el corazón de San Miguel de Allende, me emocione tanto que hice todo lo posible para acelerar el proceso de mudanza. Sin embargo, no estaba en mis manos lograrlo pronto ya que esta vez dependía de autorización de la autoridad local. 


A los pocos días de llegar a ocupar mi nuevo estudio, decidí que esta vez no podía limitarlo a un lugar solo mío y fue así que comenzó la historia de OPEN STUDIO MÉXICO.


En mis primeras semanas preparé una inauguración pública que sería mi cierre de año y el inicio de una nueva etapa como artista. 


El primer día del año, ya con acceso libre al público, logre vender mi primer cuadro. 


De alguna manera era una señal de todo lo que pronto ocurriría. 


Pronto empecé a desarrollarme como gestor y promotor de conciertos y eventos culturales de manera pública e independiente.


Considero que la energía que me alimento durante casi cinco años en la Ciudad de México, me dio una visión mucho más amplia para mis proyectos personales.


Era el momento perfecto para mostrar todo lo que había aprendido como artista ya que los límites habían desaparecido y ahora todo era posible.


Este estudio de arte integraba una galería, mi casa, un patio de eventos y un gran mural de acceso que marcaría una nueva visión desde mi mundo.


BIENVENIDO A OPEN STUDIO MÉXICO 

2017. San Miguel de Allende 


Mi estudio de arte en San Miguel de Allende era la primera oportunidad de hacer cosas grandes.


Desde mi llegada a la ciudad empecé a generar un concepto para mi estudio.


El nombre debia tener impacto y ser un símbolo de lo que quería transmitir ya que me sentía libre y con ganas de resurgir y compartir. 


Open Studio México me parecía un nombre que integraba la idea de un lugar abierto a todo tipo de proyectos. Abrí las puertas de mi hogar al público un 16 de diciembre por la noche. 


El acceso desde la calle tenía un marco de luz que delinea el pasillo principal hasta llegar a un mural de acceso como un primer vestíbulo. 


El objetivo de la iluminación era invitar a explorar cada rincón de una manera libre.


Recuerdo que cuando alguien entraba, solo podía verme hasta el fondo del patio pintando y dependía de esa persona llegar a conocerme después de recorrer cada sala de exposición.


Tener esa libertad de curiosear como un niño me parecía que debia ser algo necesario de rescatar. 


Creo que quien entraba a mi estudio sin saber de que trataba era porque tenía el deseo de búsqueda. El que busca encuentra y cuando no tienes expectativas siempre hallarás más de lo esperado.


De eso se trataba mi hogar, no sólo de conocer la obra en una galería sino de ver el hogar del artista y su vida.


Creo que el estudio es el reflejo más claro de la esencia de  un artista ya que es fácil sensibilizarse cuando se está rodeado de su mundo.


Un mes después de haber inaugurado el espacio, comencé a organizar una serie de conciertos con la intención de promover artistas mexicanos que necesitaban un foro.


Mi idea era que la música fuera un protagonista de la misma importancia que una exposición de arte con el fin de crear una experiencia diferente.


Así como entraba público ajeno al arte también comencé a conocer artistas que se fueron sumando a propuestas musicales con el concepto de compartir y promover su arte.


En enero presente un concierto ensayo acústico en el interior del estudio y una semana después se presentó oficialmente el concierto de jazz en el patio que más tarde nombraria como "el patio del color".


Una semana más tarde ya estaba preparando un concierto masivo de rock. Dos bandas de la ciudad de León, de donde soy originario, tocarían su música original para darse difusión al público nacional y extranjero.


Cada evento representaba un esfuerzo enorme ya que nunca había organizado eventos de esa escala. El espacio permitía pensar en un aforo de 50 a 100 personas dependiendo la propuesta.


En este caso era yo quien visualizaba, invitaba y difundía cada evento. Desde la difusión impresa y digital hasta la prensa escrita, en radio y televisión.


Empecé a usar mi imagen física como algo público y de esta manera mi rostro fue generando impacto y controversia por la manera en que jugaba con él.


El miedo a ser expuesto dejaba de existir y el atrevimiento era cada vez mayor. Ese lugar me impulsaba a ir siempre mas lejos y crear nuevas fórmulas.


Cada prueba era aprendizaje y mis inicios como gestor cultural me motivaban para trascender en esa ciudad.


Terminando estos tres conciertos decidí tomarme un descanso para pintar y promoverme como artista en galerías.


En los primeros meses de 2018 logré posicionar mi obra en un complejo de arte  y poco a poco fui encontrando mi público en una galería. 


De esta forma combine mi estudio galería con espacios externos. Me concentre en la venta y exposición de mi obra y dejé un poco la realización de eventos por la saturación que había vivido en los primeros conciertos.


Una vez que empecé a tener respuesta por parte del coleccionismo extranjero y local, retome mis eventos de música.


En mayo organice una jam session con 10 músicos locales que para apoyar mi estudio presentaron durante dos noches una improvisación en vivo en donde se mezclaron todo tipo de instrumentos.


Esa noche conocería de cerca el ambiente de la música y la conexión que se crea a través del sonido.


Mis eventos posteriores se pospusieron hasta 2019, cuando decidí promover sesiones de pintura libres en gran formato sobre el pasillo principal del patio. A este espacio desde el principio lo nombre el " callejón cósmico".


Este espacio lineal tenía una instalación de luz en zig zag con el fin de simular un túnel de estrellas que se mezclaba con el cielo nocturno.


En este lugar cada tarde y noche iba vez que se ocultaba el sol, montaba una exposición al aire libre como bienvenida al visitante.


De esta manera la iluminación iniciaba desde el acceso a la calle, delineando el pasillo general que integraba un primer mural multicolor. Este se mezclaba con otro en el vestíbulo principal del estudio en donde una imagen simbolizaba el momento de vida que vivia por medio de colores y figuras. 


Atravesando este espacio una puerta se comunicaba con la exposición del callejón cósmico que comunicaba tres salas interiores con diferentes temáticas. Al fondo en el patio del color se encontraba mi taller al aire libre donde las mesas de trabajo se llenaban de materiales y cuadernos disponible al público.


En este espacio una bugambilia rosada daba vida al lugar y unas escaleras oníricas en planta alta llevaban a una terraza. Este era mi lugar favorito ya que una hamaca permitía observar el firmamento lleno de estrellas.


A este sitio lleno de magia le llame "mirador de estrellas" por ser donde terminaban la mayoría de las veces mis jornadas creativas. Era el sitio donde por las noches veía la luna, que parecía acompañarme secretamente.


En cada una de las cinco temporadas que viví en este sitio cada habitación fue cambiando como esa incesante metamorfosis. Los colores también fueron cambiando, desde los rojos, negros y blancos, en un inicio, hasta integrar azules y naranjas como una evolución.


La energía que contenía cada habitación era algo que los visitantes reconocían mientras contaba el origen de mi estudio y parte de mi vida.


Mi estudio se volvió parte de un tour de arte que invitaba a grupos de turistas a descubrir mi mundo y de esta forma empezó a ser una referencia cultural desde otro enfoque.


Pará el último año en el que permanecí ahí, me concentre en regresar mi estudio a mi hogar privado y empecé a desarrollar exposiciones afuera del mismo.


En ocasiones lleve un pequeño taller de pintura o escultura al jardín principal para llenarme de la atmósfera de la gente.


También lo hacía con el fin de romper la formalidad del artista como el personaje oculto detrás de su obra en una galería.


Siempre busque esa conexión humana que alimentará mi espíritu y fuera un medio para compartir historias personales.


San Miguel me dio durante dos años y medio esa posibilidad de encontrarme con personas que bajaban el ritmo de su vida cotidiana para darse el tiempo de escuchar y ser escuchados.


En mis largas conversaciones en aquellas bancas del jardín principal coincidí muchas veces con esa energía que se alimentaba por las personas. Por alguna razón esa ciudad y ese sitio en especifico atraían energías muy intensas que hacían que las personas conectarán.


Creo que solo estando abierto a esa energía es como puedes conectar con quienes aguardaban en secreto sentados tantas tardes y noches como una rutina o un hábito de buscarse entre sí.


No se si era coincidencia pero esa banca donde yo normalmente me ubicaba en ese jardín, se alineaba físicamente con la ubicación de mi estudio.


Me había apropiado de ese y otros lugares que secretamente conquiste en tantas caminatas donde una libreta fue mi cómplice y en la cual dibujaba o escribía una parte de esa etapa de vida.


En noviembre de 2019, una noticia repentina cambió mi rumbo como artista ya que una Bienal de arte en España me invitaba a viajar por primera vez al ser seleccionada una de mis esculturas para representar a México.


En este viaje inventaria un estudio de arte que sería mi refugio personal.


ARTE LEJOS DE CASA 

2019, Barcelona 


Una vez que solucione todos los preparativos de esta nueva aventura me dispuse a despedirme por tres meses de mi estudio en San Miguel. 


Aunque estaría cerrado al público, las anteriores tres semanas no me habían permitido embodegar en algún sitio mis cosas. 


Había sido tan rápido todo este proceso de transición que solo tuve un momento para despedirme de mi estudio. 


Era tan difícil soltar mi mundo aunque sabía que encontraría grandes cosas en aquel continente. 


Mi intención de estar presente por un lado era crear vínculos con instituciones de España pero también ir en busca de mi nuevo hogar. 


Mi plan era mantener mi estudio de San Miguel mientras empezaba a construir uno nuevo en Barcelona, ciudad que me parecía la indicada para tener esa proyección que siempre había estado buscando. 


Durante las dos primeras semanas fui parte de los recurridos artísticos dentro de la IV Bienal de Arte en el centro de Valencia, en los cuales conocí a artistas locales y sedes culturales. 


Mi escultura seleccionada meses antes por el comité permanecía en un a centro cultural ubicado en el centro de la ciudad. 


Siguiendo un nuevo impulso me dirigí a Barcelona, con la firme idea de encontrar mi nueva casa. 


El primer dia visite un taller que buscaba un artista con la promesa de abrir cursos de dibujo y pintura. 


Esa había sido la razón por la que había dejado Valencia y era la primera puerta que se abrís para mí. 


Por tres semanas estuve cambiando de hostales y algunos de ellos se convirtieron en pequeños fragmentos de estudios. 


A su vez, adopte la sede donde me habían invitado a dar clases como un taller personal. Aquí desarrolle durante una semana, un proyecto de maqueta pictórica sobre la obra de Gaudí. 

Este lugar se convirtió en mi hogar y donde me sentía en paz. Podía sentir de alguna manera mi mundo y fue donde como artista resurgia de pronto, entre situaciones complicadas que empecé a vivir como extranjero. 


Compre algunos materiales que me sirvieron de rescate frente a una ciudad fría y acelerada. 


Una vez más el arte me salvaba de un mundo desconocido del cual era ajeno pero tenía que enfrentar. 


RESURGIENDO

2020, San Miguel de Allende 


En diciembre, decidí regresar como resultado del fin de una búsqueda. Había encontrado demasiado y era hora de cerrar ese viaje de manera inesperada. 


Permanecí en Ciudad de México y en León los últimos días del año como una necesidad de descanso ante un cansancio acumulado. 


El regreso a mi estudio fue muy fuerte ya que miles de recuerdos de mi viaje y sentimientos encontrados me mantuvieron varios días sintiéndome fuera de lugar. 


Poco a poco me fui adaptando nuevamente a mi mundo pausado por el tiempo. 


Esta vez debía tomar fuerzas para buscar resurgir desde otra faceta que ya anted había vivido. Esta vez desde un mejor enfoque construiria mi mejor etapa como gestor de mis exposiciones. 


De enero a marzo me dedique a promover nuevos proyectos y abrir nuevas puertas que me apasionaron profundamente. 


Cinco exposiciones casi simultáneas eran mi impulso para reinventarme y trascender en esa ciudad. 


Regresaba con unas ganas enormes de crecer y ahira no había marcha atrás. Todas las piezas estaban en su sitio y las apuestas hechas valientemente. 


Nunca imagine que una crisis mundial seria la causante de derrumbar una a una mis estrategias. 


Desde hacía 8 meses ya percibía que era necesario dejar aquel lugar y está situación simplemente detonó la decisión. 


EL FINAL DE OPEN STUDIO MÉXICO 

2020, San Miguel de Allende 


En abril oficialmente comencé el desmontaje de mi estudio de arte. 


Tres semanas fueron necesarias para despedirme de un lugar lleno de magia. 


El ciclo debía cerrarse y estaba preparado para enfrentar nuevos retos. 


Esta vez sin proyectos inmediatos y con el arte en un profundo duelo debía irme a otro lugar. 


Una sensación similar al sismo ocurrido dos años atrás me mantenía en un nuevo proceso de resiliencia. 


Mi decisión más cercana era llevar un pequeño taller de escultura a León donde permanecería un tiempo hasta que todo tomará su lugar. 


La mayor parte de mi estudio se embodego en un sitio seguro esperando ver la luz pronto. 


Me instale al día siguiente de mi llegada con lo esencial para crear algo de obra y dar seguimiento a la difusión digital. 


Mi mundo ahora se mantendría desde la virtualidad y debía adaptarme a un nuevo ritmo de vida. 


UNA NUEVA RUTA 

2020 Querétaro 


Dos semanas después de estar viviendo nuevamente en León, decidí por un impulso salir a buscar una nueva experiencia. 


Esta vez soltando lo poco que quedaba de mi estudio en León, me dirigí a una nueva ciudad. 


Queretaro extrañamente había aparecido en el mapa como un punto de enlace entre las día ciudades donde había vivido. Esta vez solo una libreta y una pluma serían mi nuevo estudio de arte. 


Después de todo, el origen de mi mundo habia comenzado hace 25 años justo de la misma manera. 


Era momento de volver a empezar... 


OLI MARTINEZ 

25 MAYO 2020



























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Comentarios: 1
  • #1

    Montserrat Torres (lunes, 25 mayo 2020 16:46)

    Es increíble que al solo escribir letras éstas provoquen tantos sentimientos y hagan volar la imaginación!
    Mucho éxito querido amigo y por más vida!
    Te abrazo